CAPITULO 5:
El día había sido muy tranquilo y divertido, Alan se había ido al médico a hacerse una revisión durante toda la mañana y yo me había dedicado a conocer a mis compañeros y mis profesores, estaba encantada. El instituto no era tan terrible después de todo, los nervios se me habían pasado y solo me quedaban ánimos y esperanzas para el futuro.
Llegue a casa y comí con mis padres, mi madre no paraba de hacerme mil preguntas y yo la contestaba encantada. Después de comer me fui a mi cuarto para conectarme al Messenger y hablar con todas mis amigas. Mi habitación estaba llena de pósters, y encima de mi escritorio, justo al lado de la cama, con la carátula de un libro antiguo de mi madre, estaba mi diario. Me acerqué nostálgica, entre esas páginas estaban todos mis sueños, ilusiones, miedos y recuerdos. Lo escribía desde que empezó el verano, día tras día, todas las noches, no fallaba nunca. Tenía la extraña sensación de haber olvidado algo, una parte de mi memoria tenía un vacío. Se pueden borrar los recuerdos pero no las sensaciones, en aquel entonces no sabía lo que eso significaría en mi carta pero intensa vida. Me acerqué despacio a la mesa, acaricié lentamente las pastas de mi diario, casi como un impulso lo abrí. Empecé a leer lo que había escrito en el recreo del instituto. Era imposible, ¿Cómo podía escribirlo allí si no recordaba habérmelo llevado y mucho menos haberlo escrito? Poco a poco iba recordando, la horrible sensación, el grito de Susan, el posible atropello, la visión… ¡La visión! Recordaba toda, pero mi memoria no podía haberse borrado sola, quizás era un mecanismo de autodefensa para no sufrir, si, seria eso. Decidí apuntar mis observaciones sobre aquel extraño suceso en mi diario y, sin darme cuenta, pasé a convertirlo en mi propia biografía de sueños.
Agobiada por tantas emociones desconocidas decidí ir a dar un paseo, no me apetecía compañía, prefería estar sola, bueno, mis pensamientos y yo. Me puse mis patines y cogí un libro, era demasiado torpe como para llegar muy lejos con esos trastos en los pies así que metí unos zapatos cómodos en una mochila y salí.
Hacía un tiempo precioso, ni frío ni calor, con el sol acariciando suavemente mi piel pero sin llegar a quemarme, un día perfecto para disfrutar del tiempo conmigo misma. Recorrí las calles de mi ciudad con cierta agilidad, pero en momentos estuve apunto de caerme por despistes absurdos. Llegué por fin a mi destino, un pequeño parque muy tranquilo y solitario. La gente a penas lo visitaba porque había uno mucho más famoso. Era casi, no, era mi lugar secreto, me hacía sentirme bien, aquellos grandes árboles me cobijaban a la perfección cuando estaba triste o tenia ganas de pensar. Es muy difícil sentirse así en medio de una gran ciudad y estaba orgullosa de haberlo conseguido.
Me acerqué a un gran Sauce Llorón escondido entre muchos arbustos y me quité los patines para acurrucarme en el césped y apoyarme en su desgastado tronco. Le sentía con gran facilidad, cerrando los ojos podía notan el movimiento de sus hojas, el viento bailando entre ellas, sentía su fuerte determinación y sabiduría… De repente todos mis pensamientos y sensaciones sobre el árbol desaparecieron por un ruido más allá de los arbustos que me protegían de cualquier mirada. Me acerqué despacio para observar sin ser descubierta a dos personas que hablaban sentadas en un banco que me daba la espalda.
Había una pareja de enamorados sentados. Ella sollozaba mientras él la abrazaba diciéndola que debía calmarse.
- Relájate, solo es una sugerencia, debemos aportar toda nuestra ayuda a la causa si no queremos ser descubiertos.
- ¿Esto es un castigo o una simple amenaza?
- Ayudar a esta persona no nos causará ningún mal, recibiremos lo que deseamos…
- Yo no puedo traicionarla así.
- Me darán un nuevo destino, una casa y dinero. Además obtendremos el permiso para casarnos, no tendremos que ocultarnos más.
- No quiero hacerla daño, ni si quiera sabemos que quiere de ella…
- ¿Qué más te da?
- ¿Cómo? ¡Es una de mis mejores amigas! Hacer esto sería peor que una simple traición, destrozaría su vida, quien sabe de lo que es capaz si le ayudamos…
- ¿Y nosotros que? ¿Sabes lo que me arriesgo yo si seguimos así? Eres menor, pero encima de sacarte 16 años, soy tu profesor.
- Lo se…
- Debes hacer esto por nosotros, si no, no tendremos un futuro juntos…
La chica parecía apenada y muy indecisa, pobrecilla, no parecía una decisión fácil, amor o lealtad, no creo que nadie fuese capaz de elegir correctamente en algo así, ambas llevaban consecuencias.
- Está bien, lo haré.
- Me alegro muchísimo preciosa, eso demuestra lo mucho que me quieres.
- Ya…
- Tranquila, así tú y yo podremos estar juntos para siempre. No volveremos a escondernos jamás.
Aquel hombre la besó dulcemente y ella le correspondió a pesar de un previo momento de dudas. Ella había elegido, o mal o bien al completo jamás sería su decisión, pero era suya. Ambos se levantaron para irse, cogidos de la mano se giraron para mirar al Sauce. Entonces lo vi. Aquel apuesto hombre de aproximados 30 años era mi profesor de Literatura en el instituto y, la chica que se aferraba a su brazo con restos de lágrimas en los ojos pero una gran sonrisa no era otra que Anna, mi amiga.
Me quedé totalmente paralizada escondida detrás de los arbustos, mi corazón empezó a latir muy deprisa, no podía entender nada. ¿Cuánto se llevaban? 16 años, él mismo lo había dicho. Era increíble, ¿Él era el chico que la volvía loca desde que empezó el verano? No podía ser, mi Anna estaba metida en un buen lío. Miles de preguntas me enloquecían, pero entonces recordé aquellas palabras: “¡Es una de mis mejores amigas! Hacer esto sería peor que una simple traición, destrozaría su vida, quien sabe de lo que es capaz si le ayudamos…” ¿A Quién podía referirse? ¿A quién debía ayudar?
Lo único que me quedaba claro era que la horrible traición, a la que ya había aceptado, era a Jenny, a Susan o a mí. El miedo se apoderó de mi mente. Esto era cosa mía, eran mis amigas, Alan no debía enterarse, yo lo solucionaría. Tras escribir cada acontecimiento sucedido en mi diario abandoné mi refugio, temerosa y sin saber, lo que este descubrimiento significaría para mi propia existencia.
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