martes, 18 de octubre de 2011

Capitulo 6

Estoy muy contenta porque he estado muy ocupada pero he vuelto para terminar la historia de Alan y Katia, prometo que estará acorde con las expectativas :D


CAPÍTULO 6:

Llegué a casa muerta de miedo, mi corazón latía muy fuerte, no sabía si estaba así por el esfuerzo de llegar a casa en esos infernales objetos que llevaba en mis pies o la sensación de pánico que me apabullaba desde aquel instante. Mi amiga estaba distinta a como la conocía, tenía miedo, se dejó convencer con mucha facilidad por mi profesor… Mi profesor… Mi corazón dejaba de latir al pensar eso, era un delito. Mi amiga debía estar enamorada para arriesgarse así, fuese lo que fuese yo pensaba apoyarla, ella siempre había estado a mi lado y yo iba a hacer lo mismo. Entonces recordé sus ojos, llenos de miedo y de sensación de culpa, ¿A quien iba a traicionar, a cual de nosotras? Eso me causaba verdadero pavor, mi mente llego a pensar en una trampa del alma pérfida, pero lo descarte enseguida.

-         Ella jamás me haría algo así…
-         ¿Quién?
-         ¡Alan! ¿Qué haces en mi cuarto? Mis padres podrían vernos y matarme, o matarnos a los dos, o…
-         Tranquila, no me van a ver, me iré dentro de poco. Estaba preocupado, he notado tu alma oscureciéndose poco a poco, me daba miedo que pudieras estar pasándolo mal…
-         Estoy bien, serán cosa tuyas…
-         Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
-         Debes irte, mis padres pueden entrar en cualquier momento para llamarme a cenar.
-         Esta bien, nos vemos mañana princesa.
-         Hasta mañana.

Fue un momento muy violento, no sabía como actuar. No quería contarle lo que había pasado ni preocuparle, pero me moría por decírselo. No, era mejor así, yo arreglaría esto sola, podía hacerlo.

El mundo se me podía caer encima pero Alan no era la solución, solo podía hacerlo sola, quizás para demostrarle a el que podía o quizás para sentirme mejor conmigo misma, de una manera absurda tenia la impresión de que así no sería una carga para nadie. Podía estar equivocada pero si dejaba que el siempre me salvara, me protegiera y cuidara de mi, jamás seria capaz de hacer nada por mi cuenta.  No podía permitir que el lo hiciese todo, esta vez yo debía luchar sola.

Acerqué mi mano hacia mi móvil, una llamada pensé, eso bastará para aclararlo. Es mi amiga, ¿Qué puedo perder?

Un pitido, otro, cada vez estaba mas nerviosa, el cuarto pitido, el buzón de voz. Quizás no lo ha oído, pensé. Llame otra vez, no sonó ni una vez, me había colgado o lo había apagado. No podrá hablar, no es nada malo.

Esa noche no pude pegar ojo. Por más vueltas que daba mas recordaba lo que había pasado. Lo que mas me costaba quitarme de la cabeza eran sus ojos, llenos de temor, de confusión y de amor, demasiado amor, tanto como para traicionarnos. Ella representaba ese punto peligroso que todas deseábamos tener en secreto. Nuestras locuras y momentos más divertidos habían sido gracias a ella, juntas éramos un gran grupo, ese hombre no tenía derecho a separarnos. La protegería, a ella, a todas. Escribí en mi diario detalle por detalle todo lo que había pasado y lo escondí entre el resto de libros.

Me sentí mucho mas aliviada y poco a poco el sueño me fue venciendo. Dejé que mi mente se quedase en blanco permitiendo que mis sueños fuesen ganando a la realidad.

En seguida abrí los ojos y miré a mí alrededor, una gran llanura de flores azules se extendía bajo mis pies. El aire era suave, pero tenia la suficiente fuerza como para mecer mi pelo y mi vestido. Comencé a correr sin descanso, más y más rápido. Algo me llamaba, me pedía ayuda, me aterrorizaba. Al acercarme lo vi. Alan estaba rodeado de zarzas, se le clavaban y le hacían sangrar. No había nada mas cerca, el campo de flores se cortaba de repente y solo había más y más fría oscuridad.

-         ¡Alan!

Entonces levantó la cabeza y lo pude ver, ojos negros azabache inyectados de odio me traspasaban y me desgarraban el alma.

-         ¡Alan! Pero… ¿Qué te han hecho?
-         No… Que me has hecho tú…

Un ruido muy estridente me hizo volver a la realidad, mi despertador me avisaba de que había clase y tenia que levantarme. Casi sin fuerzas me incorporé y escribí cuidadosamente todo, poco después mi mente volvió a perder esos recuerdos que tanto daño podían hacerme. Pero yo ya no estaba totalmente a su merced, ya no.

viernes, 22 de abril de 2011

Capítulo 5

Muchísimas disculpas a mis seguidor@s, no he podido publicar antes. Prometo intentar publicar todos los días a partir de hoy.


CAPITULO 5:

El día había sido muy tranquilo y divertido, Alan se había ido al médico a hacerse una revisión durante toda la mañana y yo me había dedicado a conocer a mis compañeros y mis profesores, estaba encantada. El instituto no era tan terrible después de todo, los nervios se me habían pasado y solo me quedaban ánimos y esperanzas para el futuro.

Llegue a casa y comí con mis padres, mi madre no paraba de hacerme mil preguntas y yo la contestaba encantada. Después de comer me fui a mi cuarto para conectarme al Messenger y hablar con todas mis amigas. Mi habitación estaba llena de pósters, y encima de mi escritorio, justo al lado de la cama, con la carátula de un libro antiguo de mi madre, estaba mi diario. Me acerqué nostálgica, entre esas páginas estaban todos mis sueños, ilusiones, miedos y recuerdos. Lo escribía desde que empezó el verano, día tras día, todas las noches, no fallaba nunca. Tenía la extraña sensación de haber olvidado algo, una parte de mi memoria tenía un vacío. Se pueden borrar los recuerdos pero no las sensaciones, en aquel entonces no sabía lo que eso significaría en mi carta pero intensa vida. Me acerqué despacio a la mesa, acaricié lentamente las pastas de mi diario, casi como un impulso lo abrí. Empecé a leer lo que había escrito en el recreo del instituto. Era imposible, ¿Cómo podía escribirlo allí si no recordaba habérmelo llevado y mucho menos haberlo escrito? Poco a poco iba recordando, la horrible sensación, el grito de Susan, el posible atropello, la visión… ¡La visión! Recordaba toda, pero mi memoria no podía haberse borrado sola, quizás era un mecanismo de autodefensa para no sufrir, si, seria eso. Decidí apuntar mis observaciones sobre aquel extraño suceso en mi diario y, sin darme cuenta, pasé a convertirlo en mi propia biografía de sueños.

Agobiada por tantas emociones desconocidas decidí ir a dar un paseo, no me apetecía compañía, prefería estar sola, bueno, mis pensamientos y yo. Me puse mis patines y cogí un libro, era demasiado torpe como para llegar muy lejos con esos trastos en los pies así que metí unos zapatos cómodos en una mochila y salí.

Hacía un tiempo precioso, ni frío ni calor, con el sol acariciando suavemente mi piel pero sin llegar a quemarme, un día perfecto para disfrutar del tiempo conmigo misma. Recorrí las calles de mi ciudad con cierta agilidad, pero en momentos estuve apunto de caerme por despistes absurdos. Llegué por fin a mi destino, un pequeño parque muy tranquilo y solitario. La gente a penas lo visitaba porque había uno mucho más famoso. Era casi, no, era mi lugar secreto, me hacía sentirme bien, aquellos grandes árboles me cobijaban a la perfección cuando estaba triste o tenia ganas de pensar. Es muy difícil sentirse así en medio de una gran ciudad y estaba orgullosa de haberlo conseguido.

Me acerqué a un gran Sauce Llorón escondido entre muchos arbustos y me quité los patines para acurrucarme en el césped y apoyarme en su desgastado tronco. Le sentía con gran facilidad, cerrando los ojos podía notan el movimiento de sus hojas, el viento bailando entre ellas, sentía su fuerte determinación y sabiduría… De repente todos mis pensamientos y sensaciones sobre el árbol desaparecieron por un ruido más allá de los arbustos que me protegían de cualquier mirada. Me acerqué despacio para observar sin ser descubierta a dos personas que hablaban sentadas en un banco que me daba la espalda.

Había una pareja de enamorados sentados. Ella sollozaba mientras él la abrazaba diciéndola que debía calmarse.

-         Relájate, solo es una sugerencia, debemos aportar toda nuestra ayuda a la causa si no queremos ser descubiertos.
-         ¿Esto es un castigo o una simple amenaza?
-         Ayudar a esta persona no nos causará ningún mal, recibiremos lo que deseamos…
-         Yo no puedo traicionarla así.
-         Me darán un nuevo destino, una casa y dinero. Además obtendremos el permiso para casarnos, no tendremos que ocultarnos más.
-         No quiero hacerla daño, ni si quiera sabemos que quiere de ella…
-         ¿Qué más te da?
-         ¿Cómo? ¡Es una de mis mejores amigas! Hacer esto sería peor que una simple traición, destrozaría su vida, quien sabe de lo que es capaz si le ayudamos…
-         ¿Y nosotros que? ¿Sabes lo que me arriesgo yo si seguimos así? Eres menor, pero encima de sacarte 16 años, soy tu profesor.
-         Lo se…
-         Debes hacer esto por nosotros, si no, no tendremos un futuro juntos…

La chica parecía apenada y muy indecisa, pobrecilla, no parecía una decisión fácil, amor o lealtad, no creo que nadie fuese capaz de elegir correctamente en algo así, ambas llevaban consecuencias.

-         Está bien, lo haré.
-         Me alegro muchísimo preciosa, eso demuestra lo mucho que me quieres.
-         Ya…
-         Tranquila, así tú y yo podremos estar juntos para siempre. No volveremos a escondernos jamás.

Aquel hombre la besó dulcemente y ella le correspondió a pesar de un previo momento de dudas. Ella había elegido, o mal o bien al completo jamás sería su decisión, pero era suya. Ambos se levantaron para irse, cogidos de la mano se giraron para mirar al Sauce. Entonces lo vi. Aquel apuesto hombre de aproximados 30 años era mi profesor de Literatura en el instituto y, la chica que se aferraba a su brazo con restos de lágrimas en los ojos pero una gran sonrisa no era otra que Anna, mi amiga.

Me quedé totalmente paralizada escondida detrás de los arbustos, mi corazón empezó a latir muy deprisa, no podía entender nada. ¿Cuánto se llevaban? 16 años, él mismo lo había dicho. Era increíble, ¿Él era el chico que la volvía loca desde que empezó el verano? No podía ser, mi Anna estaba metida en un buen lío. Miles de preguntas me enloquecían, pero entonces recordé aquellas palabras: “¡Es una de mis mejores amigas! Hacer esto sería peor que una simple traición, destrozaría su vida, quien sabe de lo que es capaz si le ayudamos…” ¿A Quién podía referirse? ¿A quién debía ayudar?

Lo único que me quedaba claro era que la horrible traición, a la que ya había aceptado, era a Jenny, a Susan o a mí. El miedo se apoderó de mi mente. Esto era cosa mía, eran mis amigas, Alan no debía enterarse, yo lo solucionaría. Tras escribir cada acontecimiento sucedido en mi diario abandoné mi refugio, temerosa y sin saber, lo que este descubrimiento significaría para mi propia existencia. 

martes, 5 de abril de 2011

Capitulo 4

CAPITULO 4:

Desperté en mi cama, estaba muy inquieta. No podía recordar que había soñado, me sentí bastante triste y decepcionada. La cabeza me daba vueltas, sentía como si me hubiese caído de la cama una y otra vez durante toda la noche. La luz suave de la mañana entraba por mi ventana.

-         ¿Cómo es posible que entre tanta luz a las siete de la mañana?
-         Quizás es porque aun es verano, ¿Sabes que hablar sola es síntoma de locura?
-         ¡Alan, que haces aquí! Mis padres podrían verte, me castigarían para siempre, ¿Cómo has entrado? ¿Por qué estas aquí?
-         Relájate, tu padre se ha ido a trabajar muy temprano y tu madre está en el médico haciéndose unos análisis de sangre, te ha dejado una nota al lado del despertador. Pensé que no querías desayunar sola, ven al salón, te he preparado el desayuno.
-         Eres increíble, pero… ¿Cómo has entrado?
-         Recuerda que tengo poderes.
-         Cierto… Oye… ¡Estoy en pijama de ositos! ¡Que vergüenza! ¡Sal de la habitación, quiero cambiarme, sal, venga!
-         Eres una vergonzosa, esta bien, pero date prisa. Además estas encantadora con ese pijama.

Me cambié a toda prisa de ropa, ¿Qué se habrá creído? ¿Encantadora con el pijama? ¡Qué descarado! Mis mejillas ardían coloradas y avergonzadas pero mi boca tenía dibujada una sonrisa. Después de arreglarme fui hacia mi salón y disfruté de un delicioso desayuno en la mejor de las compañías. Me resultaba difícil concentrarme en comer con él tan cerca, pero si no me apresuraba llegaría tarde el primer día del curso y no me convenía empezar mal.

A las 7:55 Alan se marchó, no sin antes darme un beso dulce pero ligero. Cogí mi mochila y mi chaqueta de punto y bajé apresuradamente las escaleras para ir al encuentro de mis amigas.

Allí estaban todas, Susan hablaba extremadamente confiada a Jenny sobre sus futuras notas y Anna se mandaba sms con su nuevo ligue de los últimos dos días. Sonreí, esas eran mis amigas. Por un instante noté una extraña sensación maligna, unos ojos llenos de rabia e ira se aposentaron sobre mi alma acobardándola. Esa extraña y dolorosa sensación me era familiar. De repente cesó. Oí un fuerte pitido y un grito que debía ser de Susan. Un coche me esquivó justo a tiempo para no atropellarme y se marchó a toda prisa chillando toda clase de insultos.

-         ¿Estás loca? ¡Podrías haber muerto!
-         Tranquila Susan estoy bien.
-         Aun así, eso no se hace, inmadura. No puedes pararte en mitad de la carretera y quedarte en trance. Te podría haber ocurrido una desgracia, inconsciente…
-         Tranquila Susan, está bien, ¿no la ves? Además, es el primer día de clase, ¿No querrás llegar tarde?
-         Tienes razón, vámonos. No me gustan las emociones fuertes y con vosotras las tengo desde las ocho de la mañana, que paciencia…
-         Gracias Jenny por calmarla, esta hecha una fiera, te debo una.
-         Tranquila, podrás devolvérmela. Además, ¿Para que están las amigas?

Sus ojos verdes me transmitieron confianza y caminé segura, directa al primer día de una nueva vida. Pero en sus ojos había mucho más que amistad y precisamente no eran cosas buenas. Pero las cosas nunca son lo que parecen…

Veía las nubes surcar el cielo mientras mis pasos lentos me acercaban al instituto. Oía perfectamente a Susan hablar de su maravilloso mes en Londres estudiando, tenía una sonrisa perpetua por los comentarios que Anna me hacía en bajo.

-         Me dijeron que era la mejor estudiante del intercambio, era incluso mejor que los que ya estaban allí.
-         Ya claro porque debió ligarse a algún profesor…
-         Anna, te va a oír, además sabes que saca siempre muy buenas notas…
-         Ya, solo era broma Katia, no seas tonta, sabes lo mucho que la quiero.
-         Lo se pero ten cuidado, ligarse a un profesor es algo muy serio para decir tan a la ligera.
-         Ya…

Lo que yo no sabia en ese momento es que Anna estaba en un debate consigo misma desde hacia tiempo por algo parecido. Nunca sabes el daño que pueden hacer tus palabras y muchas veces duele que te oculten las cosas, pero a veces duele más que te las digan.

Llegamos a la puerta del instituto y, por primera vez desde que éramos amigas, nos dirigimos a clases distintas. Debería estar triste, eso sería lo normal, pero en realidad en lo único que pensaba era en volver a verle. Me había dado una sorpresa maravillosa por la mañana y me costaría muchísimo no besarle nada mas verle. Besarle…

Mi mente se despertó encima de un precipicio altísimo, a mi lado estaba Alan, agarraba fuertemente mi mano, me miraba, me suplicaba con la mirada, me decía que me quedara. Las palabras me salían solas, no podía controlar lo que decía ni lo que hacía. Veía una película desde el punto de vista del personaje, pero sin participar en ella.

-         Debes entender que no podemos seguir así, son demasiadas cosas…

 Los ojos de Alan me transmitían dolor en cada palabra, no entendía por qué estaba ahí, ni como había llegado, pero me daba igual, solo quería que sonriese y me dijese que todo era una broma.

-         No puedo dejar que abandones de una manera tan cobarde, suicidio, no me hagas reír, sabes que jamás escaparas ni de mi ni de nuestro destino. ¿Vas a dejarme sola? ¿Te vas a tirar y a dejarme presa del azar? Tú fuiste quien mintió y al final siempre soy yo quien lucha. Eres patético.

 No podía entender como le hablaba así, era Alan, mi Alan, el mismo que me había dado mi primer beso, el mismo con el que había vivido el amor a primera vista de las películas que hacían llorar a mi abuela, no podía ser.  Pero… ¿Por qué quiere suicidarse, qué ha pasado? ¿Qué he hecho? ¿Le he dejado de querer? Un momento, esto son lágrimas, debo quererle, entonces… ¿Qué esta pasando?

-         No llores por favor, sabes porque quiero hacer esto…

¡No lo se Alan! ¡Que esta pasándote! No podía creerme el estar allí pero no poder actuar, me sentía tan impotente…

-         Te amo, jamás volveremos a estar separados, pero debes venirte conmigo…
-         Alan, sabes que no puedo, ve tú solo…

No me lo podía creer, ¿De verdad iba a dejarle hacerlo? Noté como su mano abandonaba la mía, note el frío del mar, me recorrió la mano provocándome un escalofrío. Se tiró… Le perdí para siempre…

-         ¡No!
-         Katia, ¿Estas bien?
-         Jenny… ¿Dónde está Alan? ¿Dónde estamos?
-         Relájate, estamos en el instituto, ¿Recuerdas? Acabamos de despedirnos de las chicas y tenemos que ir a clase.
-         Pero… ¿Y el precipicio? ¡Se ha tirado! Tengo que salvarle…
-         Tranquila, no pasa nada, deben ser los nervios, has tenido una alucinación o algo así. No llores, tranquila, estoy aquí. Vamos al baño a que te laves la cara y te relajes, aun tenemos unos minutos para que toque el timbre.
-         Gracias… Jenny yo…
-         No digas nada, no pasa nada.

La sonrisa de Jenny y un poco de agua fría me devolvieron a la realidad. ¿Qué podía haber sido eso? Tenía miedo, no podía entender nada. Al final de las clases iría a hablar con Alan, el sabría que hacer. Mas tranquila y escoltada por mí amiga entré en clase. El aun no estaba, llegaba tarde. Las clases se me hicieron eternas, los profesores eran muy amables y las asignaturas muy interesantes, pero mi corazón estaba en otra parte. Necesitaba hablar con el.

-         *¿Dónde esta? Necesito verle, necesito saber que esta bien. Alan, ¿Puedes escucharme? ¿Dónde estas?*
-        
-         *Alan por favor, te necesito*
-        
-         *Solo dime que estas bien…*
-         *Estoy bien, pero ahora déjame, necesito preparar unas cosas, confía en mi…*
-         *Pero, ¿Por qué has tardado tanto en contestarme? Estaba preocupada…*
-         *Estoy bien…*
-         *Pero…*
-         *Por favor, déjame, te lo explicare cuando llegue el momento, hasta entonces…*
-         *¿Alan?*

Mi alma se tranquilizó, no podía verle, ni yo ni nadie, pero le sentí. Un calido beso en la frente. Eso disipó mi dolor y mis miedos. Borrando todo el dolor y dejando un “tengo una revisión medica” en su lugar. De nuevo, una manera de protegerme, lo que él no sabía era que yo lo había escrito todo para poder contárselo con detalle…

lunes, 4 de abril de 2011

Capitulo 3

CAPITULO 3:

Bajé las escaleras corriendo, para variar llegaba tarde, como siempre. Mis amigas estaban esperándome donde siempre. Todo parecía irreal. Ellas se rieron porque tropecé con un chico y me caí de culo al suelo. Mientras todo pasaba, yo contemplaba mi propia vida desde fuera. Serian los nervios... El camino hacia el instituto fue extrañamente silencioso, como si cada una estuviese pendiente de lo suyo, sin querer compartirlo. Serian los nervios… Llegamos a la puerta, cada vez estaba mas cerca el momento. Me quede sola mientras ellas se habrían paso entre la multitud que rodeaba algo que debía ser importante.

-         ¡Katia! ¡Mira corre ven a ver la lista!
-         Pero me da miedo…
-         ¡Mira corre ven!

Me acerque a las listas con pavor, la primera prueba: Estar sola en clase. Busque mi nombre en la primera lista, no estaba, triste busque en la segunda… ¡Hay estaba!, al final como siempre, después volví a repasar la lista y lo ví. El nombre de Jenny, me había tocado con ella. Susan y Anna estaban en la primera lista. Contenta por no estar sola deslicé el dedo leyendo los nombres, de momento desconocidos, de mis nuevos compañeros. Algo llamó mi atención, el nombre que estaba encima del mío, era Alan. ¿Seria el? No podía ser… Entonces sentí esa sensación, única como una suave brisa marina en verano. Sentí sus manos, cerca de mi cara, desee que me abrazara. Pero en vez de eso me miro sonriente a los ojos, deje que la miel me derritiera.

-         ¿Estas en mi clase? Soy Alan, encantado.
-         Yo Katia.
-         *Lo estas haciendo muy bien amor, pero no me mires así, o no podré contenerme*
-         *Perdona Alan, pero esto es difícil…*
-         *Lo se, tranquila, después de la presentación nos veremos en nuestro lugar secreto*
-         *¿Has usado magia para estar en mi clase verdad?*
-         *Con tal de estar contigo, lo que sea*
-         *Te amo…*
-         *Debes irte, tus amigas se impacientan, ya no parece que mires la lista, llevas demasiado rato*
-         *Pero…*
-         *Nos vemos luego princesa*

Volví con mis amigas, se rieron de mi por estar tanto tiempo delante de un papel, allí estaba, después de que hace solo 15 días me dijeran que tenía un enfrentamiento mortal pendiente, después de haberme enamorado en menos de un minuto y con un gran secreto y misterios que descubrir. Pero totalmente feliz.

Entre en aquella clase, y me senté con Jenny en la segunda fila. Estaba muy nerviosa, pero a la vez muy contenta porque le veía perfectamente desde mi sitio.

-         Katia mira ese debe ser nuestro tutor.
-         Parece majo… ¿Qué crees que da?
-         Shh… Va a hablar…
-         Buenos días chicos. Soy Ángel, os voy a dar historia. Estoy encantado con esta clase, he mirado vuestros expedientes y parecen interesantes. Según los comentarios que figuran en el, he elaborado la colocación de clase.

Fue nombrando por orden de lista y sentando uno por uno. Mi nombre es el último de todas las listas desde que tengo memoria y Alan ya estaba sentado.

-         Katia, tu te sientas en la ultima fila con Alan.
-         ¿De verdad?
-         No te voy a mentir. Jamás entenderé porque los adolescentes haceis preguntas tan ridículas a veces…
-         Disculpe, ya me siento.

Muerta de vergüenza, me acerqué poco a poco a la mesa, la clase se me hizo inmensa. Sus ojos no se apartaban de los míos, me llamaba, le necesitaba. Me falto muy poco para lanzarme a sus brazos, pero en lugar de eso me senté con dificultad en la silla de al lado suya. Nunca me había imaginado que adoraría tanto un sitio en una clase.

-         *No me lo puedo creer, nos sentamos juntos*
-         *Lo se*
-         *¿Es cosa tuya?*
-         *Un poco, tenerte en clase y no poder estar contigo… Así al menos te tengo cerca.*
-         *Te amo*
-         *Te amo*

El tiempo de la presentación paso enseguida, aquel profesor me transmitió mucha seguridad, aunque lo que mejor me sentaba era sentirle tan cerca. Notaba la conexión mágica entre ambos, una extraña energía fluía, me envolvía, me hacia feliz. En un instante, note algo aterrador. Sentí una mirada asesina que me clavaba una sensación extraña que se me hundía cada vez más y más. Ceso. Mire asustada a Alan, el me miro con sus ojos miel como nunca los había visto, preocupados, asustados, deseosos de huir de allí.

-*Nos a encontrado, es bueno, no noto su presencia, pero su odio prácticamente se puede tocar.*
- *No puede ser Alan, ¿que hemos hecho mal? Tengo miedo.*
-* Tranquila yo te protegeré, además, no le conviene atacarnos todavía. Solo quiere asustarnos. Mantén la calma. Confía en mi.*

Era fácil decirlo, todas las sensaciones que me embargaban eran agobiantes, sabía que no podía hacer nada. El miedo inundo mi alma. Jamás podría luchar contra aquel ser, era maligno, lo había notado enseguida. Pero estaba allí, con él, no tenia nada que temer. Podíamos luchar contra todo juntos. Pero por más que me lo repetía, Alan había dudado, lo había visto en sus ojos, y eso me aterraba.

La hora terminó, le dije a Jenny que fuera con las demás. Era mejor que no supieran nada. La mentí, la dije que me quedaba a esperar a mi madre para irnos a comprar. Me creyó, me dio dos besos y se fue. Me sentí fatal por mentirla, pero no había vuelta a tras.

Los pasillos del instituto eran largos, inmensos, con losas blancas y suelos impolutos, daba miedo. Cerré los ojos. Algo comenzó a brotar de mi interior, una energía me envolvió. Mis pasos eran casi sueños, pero estaban muy seguros de su dirección. Ande por aquel desierto blanco y frío sin pensar. Cuando la energía se hizo más intensa abrí los ojos. Ahí estaba. El aula que Alan había encontrado para los dos. Saqué un colgante que llevaba puesto y con él, la llave. Entró sin problemas, respire más tranquila.

Ahí estaba, sin decir nada me acerqué a él, nos fundimos en un abrazo. El cojió suavemente mi barbilla y me acercó lentamente a sus labios. Abrí los ojos para sentirlo más real, solo un instante antes de volverme a dejar envolver por su magia. Entonces lo vi. Unos ojos negros, color azabache pero con toques verdes, como reflejos de un árbol en un río. Daban miedo pero a la vez me resultaban misteriosamente atrayentes. Intenté soltarme, por más que forcejeaba mas me atraía ese extraño a sus brazos. No podía ser cierto, si el no era Alan ¿por que estaba su magia? Entonces le ví, atado con una especie de sombra negra, Alan se retorcía en un rincón. Si estaba ahí, ¿Por qué no uso el alma para avisarme? No podía entender nada. Entonces lo vi.

Volví en sueños a un mundo que conocía, a pesar de no haber estado nunca. Me ví al lado de Alan, el tenia un libro muy antiguo entre manos. Era como ver una película en el cine, pero muy real. Tenía ropa parecida a las películas del siglo XIX. Mi pelo caía suavemente sobre mis hombros y rozaba mi cintura, adornado con bellísimas perlas de finísimo cristal. Parecía una princesa. Me acorde de que no sabia por que estaba allí. Entonces oí a Alan, me hablaba.

-         Este es el hechizo de contención de la luz. Nuestros enemigos lo usan para contener nuestros poderes. Es muy peligroso puesto que solo se puede derrotar estando juntos.
-         ¿Cómo podemos contrarrestarlo Alan?
-         Katia, debes concentrar todo tu poder en un punto de la sombra. No puedes parar de hacerlo, cuando la sombra no pueda soportar mas poder se dispersara.
-         Entiendo, aun así, nunca nos hará daño con esto, nunca estaremos separados.
-         Lo se pero, si alguna vez pasa, prefiero que te salves tú y me dejes morir.
-         Jamás.
-         No me puedes prometer algo que no puedes controlar.

Desperté como de una pesadilla, en el mundo real no había pasado el tiempo, aquel monstruo seguía sosteniéndome y Alan seguía preso. Pero la gran diferencia es que yo sabia que hacer.

Cerré los ojos, trate de recordar las palabras de Alan, no sabia si eran reales pero eran mi única esperanza. Concentre todo mi poder en los ojos. La energía fluía por mi cuerpo, salía de los rincones mas ocultos de mi ser y se hacia más y más fuerte. Entonces lo hice, abrí los ojos. Fue un estallido de luz. Aquel extraño me soltó bruscamente y se desvaneció en una densa nube de luz negra. Alan se levantó rápidamente para cogerme segundos antes de que mis fuerzas fallaran y me desmoronase hacia el suelo.

-         ¿Cómo has sabido hacer eso?
-         Creo que he ido al pasado, no se, era todo muy extraño. Tu, yo, el mundo, pero asombrosamente hermoso. En el nos he visto a los dos hablando. Tu me explicabas lo que era y como contrarrestarlo. Además me decías cosas extrañas, parecías triste…
-         Entiendo…

Sentí una sensación familiar, me envolvía, calmaba mis sentidos, borraba mi memoria.

-         ¿Qué haces?
-         Protegerte…
Mi mente se abandonó al olvido lo justo para que aquel duro episodio fuese sustituito por un beso y un helado como una pareja normal. 

domingo, 3 de abril de 2011

Capitulo 2

CAPITULO 2:

Los quince días de vacaciones pasaron volando, entre fiestas, compras, nervios y escapadas secretas con Alan. Cada día estaba mas unida a el. Cada día descubría un nuevo poder.

Era difícil de entender como sucedían las cosas, poco a poco iban despertando en mi instintos y capacidades extrañas que jamás hubiese imaginado.

Era una mañana tranquila, abrí la ventana para observar la calle. Unos niños jugaban en el parque de enfrente de mi casa a un juego que conocía. Vivo en un séptimo así que me fije con más detalle para ver algo más. El más pequeño era quien pillaba. Pobrecito, los mayores le hacían correr de un lado para otro, sin poder llegar a tocarlos. Entonces lo vi. El pequeño niño estaba subiendo por una especie de enredadera que tenia un columpio. Demasiado para el, casi seis metros de caída desde lo alto. Los niños se asustaron, pero el seguía subiendo para alcanzar a uno que estaba arriba del todo. Con cada paso de aquel niño mi corazón se encogía más y más. ¡No puede ser! Sin pensarlo me lance por la ventana. Un instante, un segundo desaprovechado y aquel niño moriría. Tenia que llegar más rápido, mucho más rápido. Algo extraño se abrió ante mis ojos. Un extraño camino entre el tiempo y el espacio. Llegue justo a tiempo, todavía aturdida por la experiencia agarre fuerte a aquel niño que me callo encima un segundo después. Teletranspote, no podía ser otra cosa. Deje al niño asustado en el suelo y cerré fuertemente los ojos. Me concentre y volví a seguir aquel extraño camino hacia mi ventana y mi habitación. ¿Cuántas cosas me quedaban por descubrir de mi misma?

Sin darme cuenta me encontré en la noche antes al primer día de instituto, solo era la presentación, una hora. Estaba muerta de miedo.

-         * Alan, tengo miedo a mañana.*
-         * No temas princesa. Todo saldrá bien.*
-         * Pero no se si me gustará mi clase, ni se si me gustará mi tutor…*
-         * No temas, duerme, te hará bien. Mañana nos veremos en el instituto. Recuerda. Hay que ser discretos. Conozco un lugar. Una habitación en la última planta. El día que nos conocimos tome prestada la llave. Nadie lo usa. Nos veremos allí. Toma la llave.*

Como por arte de magia una llave apareció en mis manos. No me asuste, en los últimos 15 días había aprendido mucho. La colgué de mi cuello con una cadena que había pertenecido a mi bisabuela, eso me infundio valor y ganas de seguir adelante, puesto que ella se portaba muy bien conmigo antes de morir.

-         * ¿Como lo encontrare?*
-         * Sigue mi alma, la encontraras. Ahora descansa tranquila. Yo velare tus sueños princesa.*
-         * Buenas noches Alan*
-         * Dulces sueños*

Cerré los ojos complacida, sabia que con el a mi lado no tenia nada que temer. La vida es difícil, siempre lo había oído, pero yo soy un alma pura. El mundo me necesita, Alan me necesita. No temo a la muerte, no temo a nada.
Le protegeré. Cumpliré mi promesa.

Sin darme cuenta recordé un instante que no había vivido. Veía claramente a Alan, debajo de una enredadera repleta de rosas rojas. Llevaba un vestido vaporoso, propio de la edad media. ¿En que época estaba? Mis ojos se detuvieron en los suyos. Deje que el color miel invadiera mis sentidos, me beso y sentí lo mismo que la primera vez. La magia más poderosa jamás creada corría por mis venas. Entonces una horrible sensación consumió mi alma. El se desplomaba entre mis brazos, sus ojos perdieron el brillo que los caracterizaba, poco a poco se desvanecían sus poderes. No me lo podía creer, ¿Que estaba pasando? *Es el sacrificio* ¡No puede ser! ¡El no puede morir! Poco a poco mi alma se iba apagando, pero entonces sucedió algo extraño. El cuerpo de Alan comenzó a brillar. De su piel salían cristales finísimos que se depositaban en la mía. Un poder inmenso me empezó a llenar poco a poco. Me asuste, estaba acabándole de matar. No era capaz de parar. Una gélida sonrisa acompañada de unos ojos verdes esmeralda contemplaban la escena desde las sombras.

-     ¿¡Quien eres!? ¿¡Que es lo que le has hecho!?
-      No he sido yo si no tu.
-      Mientes, yo jamás le haría daño.
-      No podrás evitarlo…

Sonó el despertador. El día de la presentación que tantos dolores de cabeza me había dado había llegado. Pero no era eso lo que ocupaba mi mente. Después de todo debía contarle mi visión a Alan. El sabría que hacer.

-         *Lo siento*
-         * ¿Alan?*

Una magia envolvió mi cuerpo, borrando cada instante de aquel inquietante sueño, haciendo disipar mis dudas, devolviendo mi atención a algo material, que ponerme para aquel importante día. Jamás perdonaría algo así.

sábado, 2 de abril de 2011

Capitulo 1



Por fin me atrevo a decir: ¡ Aquí esta el primer capitulo de mi novela!
Es una idea descabellada o extremadamente romántica el pensar que alguien puede seguirme en internet, pero  mi novela irá creciendo poco a poco por aquí por y para los que quieran leerlo.
Por favor si os gusta o no  y quereis opinar, mandarme un email a: dos-espiritus@hotmail.es
Vuestro apoyo hará que mi novela tenga sentido, ya que la escribo para los que quieran leerla. Muchas gracias y espero que os guste ^^



CAPITULO 1:

Ahí estaba yo, delante de la puerta de un gran edificio, delante de la puerta a una etapa de mi vida desconocida, delante de mi paso de niña a mujer.
***
Era por la tarde, volvía de estar cautiva en un pueblo perdido del mundo durante el mejor mes del verano. Me esperaban quince días perfectos y divertidos con mis amigas. Había tenido mucho tiempo libre en el pueblo para pensar, aclarar mis ideas, objetivos, sueños… Pero aun me quedaba esa intriga: ¿Qué me esperaba en mi época de instituto? Mientras le daba vueltas a la posibilidad de estar sola en clase, los nuevos profesores, el nuevo centro… La pastilla, que tomaba para evitar el mareo, me hizo efecto y me quedé dormida. Se que soñé cosas importantes pero no las recuerdo, solo tengo unas sensaciones de aquel día, dudas y miedo.

Era por la mañana, el día anterior, nada mas llegar a casa, le había contado la noticia a mi diario, había llamado por teléfono y me había dormido, satisfecha y excitada porque empezaban mis verdaderas vacaciones de verano.

Bajé corriendo las escaleras, llegaba tarde. Había tardado más tiempo que de costumbre para arreglarme. Estrenaba ropa nueva, llevaba los ojos perfilados de negro, una piruleta y una gran sonrisa en la cara.

Abrí la puerta de portal, ahí estaban, mis amigas, las de toda  la vida, mis fieles compañeras. Juntas habíamos decidido el mismo instituto. Estaba muy feliz, después de un abrazo colectivo y muchas preguntas y respuestas, hablamos de lo más importante, la entrada al instituto.

Debíamos ir allí a preguntar cuando era la presentación de nuestro curso, todas estábamos muertas de miedo pero no todas lo reconocíamos. Fui la primera en decirlo, porque realmente lo temía. Ellas dijeron que al menos estaríamos juntas e hicimos la promesa de permanecer siempre unidas, al margen de las clases o las nuevas amistades.

En ese momento me sentí bien, con ellas podía ser yo misma sin problemas, me entendían y ayudaban. Se notaban los nueve años juntas. Cierto es que entre ellas habían tenido diferencias y que yo por suerte nunca me había peleado. Pero éramos un grupo fuerte y la unión hace la fuerza, o al menos eso creía entonces.


Entramos en el instituto, mi corazón dio un vuelco:

-         Es enorme… da miedo...- admití mirando de un lado a otro.
-         Tía no seas exagerada, no pasa nada…

Hay estaba ella, Susan, la mayor de todas, aunque fuésemos del mismo año, ella era pausada y tranquila, pensaba bien todo y no se solía dejar llevar por las emociones. La admiraba, al contrario que yo, ella sabia actuar correctamente y pensaba las cosas. Mi problema es la sensibilidad extrema y el exceso de entusiasmo, además de ser la mas cabezona e impulsiva.

A su derecha estaba Jenny, una chica tremendamente tímida, la persona en la que siempre puedes confiar, la estudiosa, junto con Susan, dulce y amable siempre, pero con algo oculto desde hace tiempo, a quien nadie daba importancia.

A su izquierda, agarrada fuertemente de su brazo, estaba Anna, la más alocada del grupo, madura a su modo de ver la vida, loca por los chicos. Le brillaban los ojos, me gire y entonces lo ví, el chico más increíble que había visto en mi vida: rubio, alto, fuerte, con una hermosa sonrisa y con un libro entre sus brazos. Esforcé mi vista, debía ver el libro que el chico leía, necesitaba saberlo, con las piernas temblando solté a mi amiga y me dirigí a él, movida por una fuerza misteriosa.

-         ¿Que lees?- dije sin pensar.
-         Un libro- contesto el misterioso chico con voz distante y sin mirarme.
-         * Debe pensar que soy tonta, una cría de primero, una novata, insignificante para el…*

Me di la vuelta para volver a agarrar a mis amigas que, parecían poseer ya la información que buscábamos, cuando con mi torpeza habitual, por ir pensando en aquella extraña sensación, tropecé con una conserje del centro.

*Mierda* Todo el contenido de mi bolso se esparció por el suelo, incluido aquel libro que había pedido mil veces en navidad, libro que prácticamente me había suplicado que lo sacara conmigo de paseo. De repente sentí un escalofrío, gire asustada la cabeza, unos ojos color miel me transmitieron magia pura…

-         ¿Estas bien?, a sido una caída brutal, nunca había visto a alguien tan despistado.
    -Si bueno… Estoy perfectamente… Gracias- Notaba como mis mofletes de cría se iban poniendo mas y mas rojos, ardían con fuerza, mire hacia mis amigas, pero viéndome en pleno ligue se habían salido fuera para no molestar.

Aquel misterioso chico de ojos miel estaba recogiendo mis cosas, una carpeta llena de dibujos, mis pinturas, el móvil, la cartera, una barra de labios y pañuelos. Estaba pasando una vergüenza descomunal, en cambio el permanecía con una hermosa sonrisa, el muro frío que había notado al acercarme había desaparecido, solo notaba como una energía fluía entre nosotros…

-         ¿Oye? ¿Me escuchas?
-         Si… Si, si claro, perdona, ¿Que decías?
-         Este libro…

El libro. Con todas aquellas sensaciones se me había olvidado por completo mi libro. Me encantaba, la carpeta estaba llena de dibujos que se me ocurrían al leerlo, todas las escenas de aquel mundo estaban en mi cabeza y adoraba darles forma hasta materializarlas en un papel.

-         ¿Es tuyo?
-         Si, es mi libro favorito- dije acariciando suavemente las pastas rojas fuego que envolvían el libro.
-         ¿Estos dibujos son escenas del libro?
-         Si, me encanta transportarme mediante ellos al mundo del libro…
-         Increíbles, son maravillosos. Pero esto lo es mas, mira.

No me lo podía creer, en sus manos sostenía exactamente el mismo libro que tenia entre mis manos.

-         Creí que estaba descatalogado…
-         Lo estaba, lo conseguí en una compra de libros viejos. ¿Y tú?
-         Les hice buscar como locos a mis padres, me lo regalaron por navidad el año pasado, es increíble, prácticamente existen diez ejemplares en el mundo y tú y yo coincidimos.
-         Debe ser el destino

Aquella calida sonrisa me penetro asta el alma, acompañada por aquellos ojos color miel transmitía paz y confianza, como si no hiciesen falta las palabras. Entonces lo escuche: *Te estaba esperando Katia*. En mi cabeza resonaba esa voz. Pero estaba segura de que era real. Esa misma extraña sensación que me había obligado a acercarme al chico de ojos color miel volvió y, sin pensarlo ni temerlo, le bese. Bese con pasión a aquel desconocido, como si algo mágico nos uniera, volvió esa voz en mi cabeza: * Katia amor mío, te echaba de menos*. El chico me abrazo fuerte, muy fuerte, como fundiéndonos en uno solo. Se me olvido el instituto, mis amigas, mi caída, mi verano… Todo. Nos separamos y volví a la realidad, acababa de besar a un desconocido, en pleno instituto, sin darme cuenta de la estupidez que eso suponía.

-         ¿Oiste las voces verdad?- Me dijo con una gran sonrisa.
-         Si… ¿Que son? Mejor… ¿Quien son?
-         Es mi alma, la as oído.
-         ¿! Como voy a oír tu alma ¡?
-         Escúchame Katia, debes confiar en mí. No debes contarle esto a nadie, estas en peligro y yo también. De momento lo único que debes saber es que somos únicos y estamos hechos para estar juntos. Déjame protegerte, eres mi vida. Déjame ayudarte y comprenderte, se que todo es raro y confuso, se que las sensaciones y las voces son desconocidas para ti. Debes confiar en mí.
-         Pero…

Entonces sentí sus brazos, me rodeaban fuertemente y me daba seguridad. Llore, llore de miedo, de desconocimiento, de angustia, pero sobretodo de amor. En prácticamente diez minutos me había enamorado, sabia que el tenia razón, no sabia por qué pero sus palabras eran ciertas y confiaba en el.

-         Debes irte, tus amigas empezaran a sospechar. Diles que he pasado de ti, diles que después te has parado a hablar con una conserje. Esta noche, a las doce nos veremos. No te preocupes por nada, solo estate lista. Confía en mí.
-         No se que esta pasando…
-         Confía en mí.
-         Esta bien…

Un suave beso en los labios, una dulce mirada y desapareció en aquellos extraños pasillos. Me daba miedo todo aquello, pero sabia que el no mentía, sabia que Alan estaba enamorado de mi. ¿Alan? Sabía su nombre, no me lo había dicho, pero lo sabía. * Si amor mío, me llamo Alan, ve con tus amigas, te están esperando. Nos vemos a las doce. Confía en mi*. La voz era el, confortada y contenta salí del instituto. Después de varias mentiras y varias explicaciones, un helado y muchas risas nos despedimos para ir a casa. Todo me parecía un sueño.

No fui capaz de bajar de nuevo a la calle, tumbada en la cama, veía pasar las horas, una tras otra. Sabía que mis padres estaban de cena con unos amigos. Eso otras veces me habría hecho feliz, sola hasta altas horas de la noche, palomitas y películas. Esta vez era distinto. Estaba inquieta por todo lo que había pasado. Por todo lo que había sentido. Sabía que esa noche obtendría respuestas. Pero tenía miedo.

Vestida, peinada y con mis ojos perfilados de mi negro característico esperaba impaciente devorando una piruleta. Las doce. Algo extraño sucedió ante mí. Una luz, increíblemente cegadora para cualquiera, que podía mirar directamente, inundo la habitación. Entonces lo ví, con un impulso casi desesperado me arroje a sus brazos como una niña asustada.

-         Katia…
-         Alan…
-         Ya estoy aquí, no vas a estar sola más tiempo.
-         ¿Como sabes mis sentimientos?
-         Inconscientemente me los dices con tu alma.
-         ¿Con mi alma?
-         Si. El alma transmite sentimientos, emociones, deseos… Nadie sabe entenderla o escucharla. Nadie excepto nosotros. Dos almas puras nacidas en dos partes diferentes del mundo, que se crían lejos y aparentemente son normales. Pero nuestro destino es estar juntos. Legendariamente a nuestras almas juntas se denominaba el Apocalipsis. Personas capaces de entender los sentimientos y emociones más profundas e incluso dominarlos eran un arma letal. Por suerte tener un alma así también conlleva una bondad y una sensibilidad extrema. Jamás haríamos daño a nadie. Tú y yo nacimos con el destino de encontrarnos. Cada 100 años nacen cuatro almas. Dos puras y dos pérfidas. Las almas puras están destinadas a amarse y las pérfidas a odiarse. El odio hace que la más fuerte acabe con la más débil y absorba sus poderes. Siempre en busca de venganza buscara a las almas puras, ya unidas, para destruirlas. Pero esta vez será diferente. Voy a protegerte.
-         ¿Tú y yo somos las almas puras?
-         Si. Posees grandes poderes. Yo soy la fuerza, la agilidad, la destreza… Y tus eres la inteligencia, la magia, el talento, la imaginación… Juntos creamos a un solo ser perfecto. Juntos derrotaremos al alma pérfida.
-         Tengo miedo. Yo solo soy una chica corriente.
-         Tranquila, la lucha esta destinada para cuando ambos cumplamos 14 años.
-         Tengo 12…
-         Yo te protegeré…

El miedo corría por mis venas, a medida que lo pensaba, tratando de darme cuanta de que era una locura, mas me lo creía. Había algo en mí que me decía que era cierto. Note sus brazos, me rodeaba fuerte, como la primera vez, cerré los ojos, sabia que con el estaría a salvo. Quería protegerle, daría cualquier cosa por aquel chico, Alan es mi vida. Lo protegeré.

-         Debes prometerme que no le dirás nada a nadie.
-         ¿Por qué?
-         Es muy importante. No podemos dejar que nos descubran antes del día del enfrentamiento. No podemos estar juntos a la vista de nadie. Cuando estamos cerca emitimos magia, estaríamos llamando al peligro constantemente.
-         Pero… ¿Como podré estar sin ti ahora que te he encontrado?
-         Escúchame con atención. Si quieres hablar conmigo busca en tu interior. Piensa fuertemente en mí, después formula lo que me quieras decir. Poco a poco iras descubriendo tus poderes. Yo estaré siempre contigo. Nos veremos cada día. Lo prometo.
-         Confío en ti… Pero… ¿Por qué tu sabes todo esto, conoces tus poderes y yo no?
-         Yo no sabia nada, hasta que me besaste. Después fue como si todo se aclarase en mi mente. No se como, pero controlo a la perfección mis poderes y se lo que debo hacer. Lo que mas seguro tengo es que te amo.
-         Yo también te amo Alan…
-         Vienen tus padres. Debo irme.
-         Espera… *El ultimo beso*
-         *Sabes hacerlo, sabes hablar con el alma…*
-         *Te amo*
-         *Te amo*

Mis padres entraron en la sala donde no quedaba ni rastro de la luz cegadora que le había acompañado al marcharse. Aun saboreaba sus labios. Sabía que todo era cierto. Confiaba en el. Todo saldría bien.

Me fui a la cama pensando que no iba a ser fácil. Pero le amo, asíque luchare asta el final.
-* Dulces sueños princesa. Te veo mañana*
-*Dulces sueños Amor*