domingo, 3 de abril de 2011

Capitulo 2

CAPITULO 2:

Los quince días de vacaciones pasaron volando, entre fiestas, compras, nervios y escapadas secretas con Alan. Cada día estaba mas unida a el. Cada día descubría un nuevo poder.

Era difícil de entender como sucedían las cosas, poco a poco iban despertando en mi instintos y capacidades extrañas que jamás hubiese imaginado.

Era una mañana tranquila, abrí la ventana para observar la calle. Unos niños jugaban en el parque de enfrente de mi casa a un juego que conocía. Vivo en un séptimo así que me fije con más detalle para ver algo más. El más pequeño era quien pillaba. Pobrecito, los mayores le hacían correr de un lado para otro, sin poder llegar a tocarlos. Entonces lo vi. El pequeño niño estaba subiendo por una especie de enredadera que tenia un columpio. Demasiado para el, casi seis metros de caída desde lo alto. Los niños se asustaron, pero el seguía subiendo para alcanzar a uno que estaba arriba del todo. Con cada paso de aquel niño mi corazón se encogía más y más. ¡No puede ser! Sin pensarlo me lance por la ventana. Un instante, un segundo desaprovechado y aquel niño moriría. Tenia que llegar más rápido, mucho más rápido. Algo extraño se abrió ante mis ojos. Un extraño camino entre el tiempo y el espacio. Llegue justo a tiempo, todavía aturdida por la experiencia agarre fuerte a aquel niño que me callo encima un segundo después. Teletranspote, no podía ser otra cosa. Deje al niño asustado en el suelo y cerré fuertemente los ojos. Me concentre y volví a seguir aquel extraño camino hacia mi ventana y mi habitación. ¿Cuántas cosas me quedaban por descubrir de mi misma?

Sin darme cuenta me encontré en la noche antes al primer día de instituto, solo era la presentación, una hora. Estaba muerta de miedo.

-         * Alan, tengo miedo a mañana.*
-         * No temas princesa. Todo saldrá bien.*
-         * Pero no se si me gustará mi clase, ni se si me gustará mi tutor…*
-         * No temas, duerme, te hará bien. Mañana nos veremos en el instituto. Recuerda. Hay que ser discretos. Conozco un lugar. Una habitación en la última planta. El día que nos conocimos tome prestada la llave. Nadie lo usa. Nos veremos allí. Toma la llave.*

Como por arte de magia una llave apareció en mis manos. No me asuste, en los últimos 15 días había aprendido mucho. La colgué de mi cuello con una cadena que había pertenecido a mi bisabuela, eso me infundio valor y ganas de seguir adelante, puesto que ella se portaba muy bien conmigo antes de morir.

-         * ¿Como lo encontrare?*
-         * Sigue mi alma, la encontraras. Ahora descansa tranquila. Yo velare tus sueños princesa.*
-         * Buenas noches Alan*
-         * Dulces sueños*

Cerré los ojos complacida, sabia que con el a mi lado no tenia nada que temer. La vida es difícil, siempre lo había oído, pero yo soy un alma pura. El mundo me necesita, Alan me necesita. No temo a la muerte, no temo a nada.
Le protegeré. Cumpliré mi promesa.

Sin darme cuenta recordé un instante que no había vivido. Veía claramente a Alan, debajo de una enredadera repleta de rosas rojas. Llevaba un vestido vaporoso, propio de la edad media. ¿En que época estaba? Mis ojos se detuvieron en los suyos. Deje que el color miel invadiera mis sentidos, me beso y sentí lo mismo que la primera vez. La magia más poderosa jamás creada corría por mis venas. Entonces una horrible sensación consumió mi alma. El se desplomaba entre mis brazos, sus ojos perdieron el brillo que los caracterizaba, poco a poco se desvanecían sus poderes. No me lo podía creer, ¿Que estaba pasando? *Es el sacrificio* ¡No puede ser! ¡El no puede morir! Poco a poco mi alma se iba apagando, pero entonces sucedió algo extraño. El cuerpo de Alan comenzó a brillar. De su piel salían cristales finísimos que se depositaban en la mía. Un poder inmenso me empezó a llenar poco a poco. Me asuste, estaba acabándole de matar. No era capaz de parar. Una gélida sonrisa acompañada de unos ojos verdes esmeralda contemplaban la escena desde las sombras.

-     ¿¡Quien eres!? ¿¡Que es lo que le has hecho!?
-      No he sido yo si no tu.
-      Mientes, yo jamás le haría daño.
-      No podrás evitarlo…

Sonó el despertador. El día de la presentación que tantos dolores de cabeza me había dado había llegado. Pero no era eso lo que ocupaba mi mente. Después de todo debía contarle mi visión a Alan. El sabría que hacer.

-         *Lo siento*
-         * ¿Alan?*

Una magia envolvió mi cuerpo, borrando cada instante de aquel inquietante sueño, haciendo disipar mis dudas, devolviendo mi atención a algo material, que ponerme para aquel importante día. Jamás perdonaría algo así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario