Por fin me atrevo a decir: ¡ Aquí esta el primer capitulo de mi novela!
Es una idea descabellada o extremadamente romántica el pensar que alguien puede seguirme en internet, pero mi novela irá creciendo poco a poco por aquí por y para los que quieran leerlo.
Por favor si os gusta o no y quereis opinar, mandarme un email a: dos-espiritus@hotmail.es
Vuestro apoyo hará que mi novela tenga sentido, ya que la escribo para los que quieran leerla. Muchas gracias y espero que os guste ^^
CAPITULO 1:
Ahí estaba yo, delante de la puerta de un gran edificio, delante de la puerta a una etapa de mi vida desconocida, delante de mi paso de niña a mujer.
***
Era por la tarde, volvía de estar cautiva en un pueblo perdido del mundo durante el mejor mes del verano. Me esperaban quince días perfectos y divertidos con mis amigas. Había tenido mucho tiempo libre en el pueblo para pensar, aclarar mis ideas, objetivos, sueños… Pero aun me quedaba esa intriga: ¿Qué me esperaba en mi época de instituto? Mientras le daba vueltas a la posibilidad de estar sola en clase, los nuevos profesores, el nuevo centro… La pastilla, que tomaba para evitar el mareo, me hizo efecto y me quedé dormida. Se que soñé cosas importantes pero no las recuerdo, solo tengo unas sensaciones de aquel día, dudas y miedo.
Era por la mañana, el día anterior, nada mas llegar a casa, le había contado la noticia a mi diario, había llamado por teléfono y me había dormido, satisfecha y excitada porque empezaban mis verdaderas vacaciones de verano.
Bajé corriendo las escaleras, llegaba tarde. Había tardado más tiempo que de costumbre para arreglarme. Estrenaba ropa nueva, llevaba los ojos perfilados de negro, una piruleta y una gran sonrisa en la cara.
Abrí la puerta de portal, ahí estaban, mis amigas, las de toda la vida, mis fieles compañeras. Juntas habíamos decidido el mismo instituto. Estaba muy feliz, después de un abrazo colectivo y muchas preguntas y respuestas, hablamos de lo más importante, la entrada al instituto.
Debíamos ir allí a preguntar cuando era la presentación de nuestro curso, todas estábamos muertas de miedo pero no todas lo reconocíamos. Fui la primera en decirlo, porque realmente lo temía. Ellas dijeron que al menos estaríamos juntas e hicimos la promesa de permanecer siempre unidas, al margen de las clases o las nuevas amistades.
En ese momento me sentí bien, con ellas podía ser yo misma sin problemas, me entendían y ayudaban. Se notaban los nueve años juntas. Cierto es que entre ellas habían tenido diferencias y que yo por suerte nunca me había peleado. Pero éramos un grupo fuerte y la unión hace la fuerza, o al menos eso creía entonces.
Entramos en el instituto, mi corazón dio un vuelco:
- Es enorme… da miedo...- admití mirando de un lado a otro.
- Tía no seas exagerada, no pasa nada…
Hay estaba ella, Susan, la mayor de todas, aunque fuésemos del mismo año, ella era pausada y tranquila, pensaba bien todo y no se solía dejar llevar por las emociones. La admiraba, al contrario que yo, ella sabia actuar correctamente y pensaba las cosas. Mi problema es la sensibilidad extrema y el exceso de entusiasmo, además de ser la mas cabezona e impulsiva.
A su derecha estaba Jenny, una chica tremendamente tímida, la persona en la que siempre puedes confiar, la estudiosa, junto con Susan, dulce y amable siempre, pero con algo oculto desde hace tiempo, a quien nadie daba importancia.
A su izquierda, agarrada fuertemente de su brazo, estaba Anna, la más alocada del grupo, madura a su modo de ver la vida, loca por los chicos. Le brillaban los ojos, me gire y entonces lo ví, el chico más increíble que había visto en mi vida: rubio, alto, fuerte, con una hermosa sonrisa y con un libro entre sus brazos. Esforcé mi vista, debía ver el libro que el chico leía, necesitaba saberlo, con las piernas temblando solté a mi amiga y me dirigí a él, movida por una fuerza misteriosa.
- ¿Que lees?- dije sin pensar.
- Un libro- contesto el misterioso chico con voz distante y sin mirarme.
- * Debe pensar que soy tonta, una cría de primero, una novata, insignificante para el…*
Me di la vuelta para volver a agarrar a mis amigas que, parecían poseer ya la información que buscábamos, cuando con mi torpeza habitual, por ir pensando en aquella extraña sensación, tropecé con una conserje del centro.
*Mierda* Todo el contenido de mi bolso se esparció por el suelo, incluido aquel libro que había pedido mil veces en navidad, libro que prácticamente me había suplicado que lo sacara conmigo de paseo. De repente sentí un escalofrío, gire asustada la cabeza, unos ojos color miel me transmitieron magia pura…
- ¿Estas bien?, a sido una caída brutal, nunca había visto a alguien tan despistado.
-Si bueno… Estoy perfectamente… Gracias- Notaba como mis mofletes de cría se iban poniendo mas y mas rojos, ardían con fuerza, mire hacia mis amigas, pero viéndome en pleno ligue se habían salido fuera para no molestar.
Aquel misterioso chico de ojos miel estaba recogiendo mis cosas, una carpeta llena de dibujos, mis pinturas, el móvil, la cartera, una barra de labios y pañuelos. Estaba pasando una vergüenza descomunal, en cambio el permanecía con una hermosa sonrisa, el muro frío que había notado al acercarme había desaparecido, solo notaba como una energía fluía entre nosotros…
- ¿Oye? ¿Me escuchas?
- Si… Si, si claro, perdona, ¿Que decías?
- Este libro…
El libro. Con todas aquellas sensaciones se me había olvidado por completo mi libro. Me encantaba, la carpeta estaba llena de dibujos que se me ocurrían al leerlo, todas las escenas de aquel mundo estaban en mi cabeza y adoraba darles forma hasta materializarlas en un papel.
- ¿Es tuyo?
- Si, es mi libro favorito- dije acariciando suavemente las pastas rojas fuego que envolvían el libro.
- ¿Estos dibujos son escenas del libro?
- Si, me encanta transportarme mediante ellos al mundo del libro…
- Increíbles, son maravillosos. Pero esto lo es mas, mira.
No me lo podía creer, en sus manos sostenía exactamente el mismo libro que tenia entre mis manos.
- Creí que estaba descatalogado…
- Lo estaba, lo conseguí en una compra de libros viejos. ¿Y tú?
- Les hice buscar como locos a mis padres, me lo regalaron por navidad el año pasado, es increíble, prácticamente existen diez ejemplares en el mundo y tú y yo coincidimos.
- Debe ser el destino
Aquella calida sonrisa me penetro asta el alma, acompañada por aquellos ojos color miel transmitía paz y confianza, como si no hiciesen falta las palabras. Entonces lo escuche: *Te estaba esperando Katia*. En mi cabeza resonaba esa voz. Pero estaba segura de que era real. Esa misma extraña sensación que me había obligado a acercarme al chico de ojos color miel volvió y, sin pensarlo ni temerlo, le bese. Bese con pasión a aquel desconocido, como si algo mágico nos uniera, volvió esa voz en mi cabeza: * Katia amor mío, te echaba de menos*. El chico me abrazo fuerte, muy fuerte, como fundiéndonos en uno solo. Se me olvido el instituto, mis amigas, mi caída, mi verano… Todo. Nos separamos y volví a la realidad, acababa de besar a un desconocido, en pleno instituto, sin darme cuenta de la estupidez que eso suponía.
- ¿Oiste las voces verdad?- Me dijo con una gran sonrisa.
- Si… ¿Que son? Mejor… ¿Quien son?
- Es mi alma, la as oído.
- ¿! Como voy a oír tu alma ¡?
- Escúchame Katia, debes confiar en mí. No debes contarle esto a nadie, estas en peligro y yo también. De momento lo único que debes saber es que somos únicos y estamos hechos para estar juntos. Déjame protegerte, eres mi vida. Déjame ayudarte y comprenderte, se que todo es raro y confuso, se que las sensaciones y las voces son desconocidas para ti. Debes confiar en mí.
- Pero…
Entonces sentí sus brazos, me rodeaban fuertemente y me daba seguridad. Llore, llore de miedo, de desconocimiento, de angustia, pero sobretodo de amor. En prácticamente diez minutos me había enamorado, sabia que el tenia razón, no sabia por qué pero sus palabras eran ciertas y confiaba en el.
- Debes irte, tus amigas empezaran a sospechar. Diles que he pasado de ti, diles que después te has parado a hablar con una conserje. Esta noche, a las doce nos veremos. No te preocupes por nada, solo estate lista. Confía en mí.
- No se que esta pasando…
- Confía en mí.
- Esta bien…
Un suave beso en los labios, una dulce mirada y desapareció en aquellos extraños pasillos. Me daba miedo todo aquello, pero sabia que el no mentía, sabia que Alan estaba enamorado de mi. ¿Alan? Sabía su nombre, no me lo había dicho, pero lo sabía. * Si amor mío, me llamo Alan, ve con tus amigas, te están esperando. Nos vemos a las doce. Confía en mi*. La voz era el, confortada y contenta salí del instituto. Después de varias mentiras y varias explicaciones, un helado y muchas risas nos despedimos para ir a casa. Todo me parecía un sueño.
No fui capaz de bajar de nuevo a la calle, tumbada en la cama, veía pasar las horas, una tras otra. Sabía que mis padres estaban de cena con unos amigos. Eso otras veces me habría hecho feliz, sola hasta altas horas de la noche, palomitas y películas. Esta vez era distinto. Estaba inquieta por todo lo que había pasado. Por todo lo que había sentido. Sabía que esa noche obtendría respuestas. Pero tenía miedo.
Vestida, peinada y con mis ojos perfilados de mi negro característico esperaba impaciente devorando una piruleta. Las doce. Algo extraño sucedió ante mí. Una luz, increíblemente cegadora para cualquiera, que podía mirar directamente, inundo la habitación. Entonces lo ví, con un impulso casi desesperado me arroje a sus brazos como una niña asustada.
- Katia…
- Alan…
- Ya estoy aquí, no vas a estar sola más tiempo.
- ¿Como sabes mis sentimientos?
- Inconscientemente me los dices con tu alma.
- ¿Con mi alma?
- Si. El alma transmite sentimientos, emociones, deseos… Nadie sabe entenderla o escucharla. Nadie excepto nosotros. Dos almas puras nacidas en dos partes diferentes del mundo, que se crían lejos y aparentemente son normales. Pero nuestro destino es estar juntos. Legendariamente a nuestras almas juntas se denominaba el Apocalipsis. Personas capaces de entender los sentimientos y emociones más profundas e incluso dominarlos eran un arma letal. Por suerte tener un alma así también conlleva una bondad y una sensibilidad extrema. Jamás haríamos daño a nadie. Tú y yo nacimos con el destino de encontrarnos. Cada 100 años nacen cuatro almas. Dos puras y dos pérfidas. Las almas puras están destinadas a amarse y las pérfidas a odiarse. El odio hace que la más fuerte acabe con la más débil y absorba sus poderes. Siempre en busca de venganza buscara a las almas puras, ya unidas, para destruirlas. Pero esta vez será diferente. Voy a protegerte.
- ¿Tú y yo somos las almas puras?
- Si. Posees grandes poderes. Yo soy la fuerza, la agilidad, la destreza… Y tus eres la inteligencia, la magia, el talento, la imaginación… Juntos creamos a un solo ser perfecto. Juntos derrotaremos al alma pérfida.
- Tengo miedo. Yo solo soy una chica corriente.
- Tranquila, la lucha esta destinada para cuando ambos cumplamos 14 años.
- Tengo 12…
- Yo te protegeré…
El miedo corría por mis venas, a medida que lo pensaba, tratando de darme cuanta de que era una locura, mas me lo creía. Había algo en mí que me decía que era cierto. Note sus brazos, me rodeaba fuerte, como la primera vez, cerré los ojos, sabia que con el estaría a salvo. Quería protegerle, daría cualquier cosa por aquel chico, Alan es mi vida. Lo protegeré.
- Debes prometerme que no le dirás nada a nadie.
- ¿Por qué?
- Es muy importante. No podemos dejar que nos descubran antes del día del enfrentamiento. No podemos estar juntos a la vista de nadie. Cuando estamos cerca emitimos magia, estaríamos llamando al peligro constantemente.
- Pero… ¿Como podré estar sin ti ahora que te he encontrado?
- Escúchame con atención. Si quieres hablar conmigo busca en tu interior. Piensa fuertemente en mí, después formula lo que me quieras decir. Poco a poco iras descubriendo tus poderes. Yo estaré siempre contigo. Nos veremos cada día. Lo prometo.
- Confío en ti… Pero… ¿Por qué tu sabes todo esto, conoces tus poderes y yo no?
- Yo no sabia nada, hasta que me besaste. Después fue como si todo se aclarase en mi mente. No se como, pero controlo a la perfección mis poderes y se lo que debo hacer. Lo que mas seguro tengo es que te amo.
- Yo también te amo Alan…
- Vienen tus padres. Debo irme.
- Espera… *El ultimo beso*
- *Sabes hacerlo, sabes hablar con el alma…*
- *Te amo*
- *Te amo*
Mis padres entraron en la sala donde no quedaba ni rastro de la luz cegadora que le había acompañado al marcharse. Aun saboreaba sus labios. Sabía que todo era cierto. Confiaba en el. Todo saldría bien.
Me fui a la cama pensando que no iba a ser fácil. Pero le amo, asíque luchare asta el final.
-* Dulces sueños princesa. Te veo mañana*
-*Dulces sueños Amor*
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