CAPÍTULO 6:
Llegué a casa muerta de miedo, mi corazón latía muy fuerte, no sabía si estaba así por el esfuerzo de llegar a casa en esos infernales objetos que llevaba en mis pies o la sensación de pánico que me apabullaba desde aquel instante. Mi amiga estaba distinta a como la conocía, tenía miedo, se dejó convencer con mucha facilidad por mi profesor… Mi profesor… Mi corazón dejaba de latir al pensar eso, era un delito. Mi amiga debía estar enamorada para arriesgarse así, fuese lo que fuese yo pensaba apoyarla, ella siempre había estado a mi lado y yo iba a hacer lo mismo. Entonces recordé sus ojos, llenos de miedo y de sensación de culpa, ¿A quien iba a traicionar, a cual de nosotras? Eso me causaba verdadero pavor, mi mente llego a pensar en una trampa del alma pérfida, pero lo descarte enseguida.
- Ella jamás me haría algo así…
- ¿Quién?
- ¡Alan! ¿Qué haces en mi cuarto? Mis padres podrían vernos y matarme, o matarnos a los dos, o…
- Tranquila, no me van a ver, me iré dentro de poco. Estaba preocupado, he notado tu alma oscureciéndose poco a poco, me daba miedo que pudieras estar pasándolo mal…
- Estoy bien, serán cosa tuyas…
- Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
- Debes irte, mis padres pueden entrar en cualquier momento para llamarme a cenar.
- Esta bien, nos vemos mañana princesa.
- Hasta mañana.
Fue un momento muy violento, no sabía como actuar. No quería contarle lo que había pasado ni preocuparle, pero me moría por decírselo. No, era mejor así, yo arreglaría esto sola, podía hacerlo.
El mundo se me podía caer encima pero Alan no era la solución, solo podía hacerlo sola, quizás para demostrarle a el que podía o quizás para sentirme mejor conmigo misma, de una manera absurda tenia la impresión de que así no sería una carga para nadie. Podía estar equivocada pero si dejaba que el siempre me salvara, me protegiera y cuidara de mi, jamás seria capaz de hacer nada por mi cuenta. No podía permitir que el lo hiciese todo, esta vez yo debía luchar sola.
Acerqué mi mano hacia mi móvil, una llamada pensé, eso bastará para aclararlo. Es mi amiga, ¿Qué puedo perder?
Un pitido, otro, cada vez estaba mas nerviosa, el cuarto pitido, el buzón de voz. Quizás no lo ha oído, pensé. Llame otra vez, no sonó ni una vez, me había colgado o lo había apagado. No podrá hablar, no es nada malo.
Esa noche no pude pegar ojo. Por más vueltas que daba mas recordaba lo que había pasado. Lo que mas me costaba quitarme de la cabeza eran sus ojos, llenos de temor, de confusión y de amor, demasiado amor, tanto como para traicionarnos. Ella representaba ese punto peligroso que todas deseábamos tener en secreto. Nuestras locuras y momentos más divertidos habían sido gracias a ella, juntas éramos un gran grupo, ese hombre no tenía derecho a separarnos. La protegería, a ella, a todas. Escribí en mi diario detalle por detalle todo lo que había pasado y lo escondí entre el resto de libros.
Me sentí mucho mas aliviada y poco a poco el sueño me fue venciendo. Dejé que mi mente se quedase en blanco permitiendo que mis sueños fuesen ganando a la realidad.
En seguida abrí los ojos y miré a mí alrededor, una gran llanura de flores azules se extendía bajo mis pies. El aire era suave, pero tenia la suficiente fuerza como para mecer mi pelo y mi vestido. Comencé a correr sin descanso, más y más rápido. Algo me llamaba, me pedía ayuda, me aterrorizaba. Al acercarme lo vi. Alan estaba rodeado de zarzas, se le clavaban y le hacían sangrar. No había nada mas cerca, el campo de flores se cortaba de repente y solo había más y más fría oscuridad.
- ¡Alan!
Entonces levantó la cabeza y lo pude ver, ojos negros azabache inyectados de odio me traspasaban y me desgarraban el alma.
- ¡Alan! Pero… ¿Qué te han hecho?
- No… Que me has hecho tú…
Un ruido muy estridente me hizo volver a la realidad, mi despertador me avisaba de que había clase y tenia que levantarme. Casi sin fuerzas me incorporé y escribí cuidadosamente todo, poco después mi mente volvió a perder esos recuerdos que tanto daño podían hacerme. Pero yo ya no estaba totalmente a su merced, ya no.
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